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Alargamiento de piernas: ¿serías capaz de pagar más de seis cifras por ser unos centímetros más alto? Muchos ya lo están haciendo

En realidad, cortar el fémur solo lleva unos segundos. Al taladro con el que ha comenzado la intervención le sigue el osteótomo, parecido a un cincel tan afilado como una cuchilla. El Dr. D introduce la herramienta en la incisión del muslo del paciente y comienza a golpear con un mazo.

“A veces con un golpe basta“, grita el Dr. D mientras martillea despreocupadamente, como si estuviera colgando un marco de fotos. “Otras veces son 10 golpes”. Clink, clink, clink, clink-CLANK.

Cuando el Dr. D retira el escariador de la incisión —el efecto es similar a cuando el Joker de Jack Nicholson se sacaba una pistola ridículamente larga de los pantalones—, una papilla caliente y sangrienta de hueso, médula y grasa licuados comienza a salir del agujero a una velocidad y volumen espeluznantes.

Cuando el clavo está por fin colocado en el hueso ahora roto, el Dr. D realiza unas cuantas incisiones diminutas más a lo largo de la pierna y taladra unos cuantos tornillos más para mantenerlo todo unido. En la pantalla de rayos X parece que al paciente le ha crecido en el muslo algo parecido a una veleta.

La pierna derecha está lista en 38 minutos en total. La izquierda tardará más o menos lo mismo. Pero hasta que el paciente no despierte dos horas más tarde —con cinco o seis nuevos agujeros en cada pierna— no comenzará el verdadero trabajo.


Protege tu inversión

Cuando John y yo nos presentamos en el Instituto LimbplastX la mañana de su consulta, al Dr. D se le nota algo más frío, algo inusual para su carácter (aun así, sigue siendo extremadamente agradable, como cuando Kenneth se enfadaba en 30 Rock).

La razón es que John no lleva muletas, y aún no le permiten caminar sin ellas, aunque no sienta ningún dolor. Es un no rotundo, según el Dr. D. “John no nos ha hecho ningún caso desde que llegó“, explica. “Siempre les digo a los pacientes que, cuando acaba el alargamiento, empiezan los problemas. Porque no les duele y se sienten a gusto con su nueva estatura. Se impacientan”.

John Lovedale antes y después de someterse a una cirugía de alargamiento de piernas en el Instituto LimbPlastX del Dr. Kevin Debiparshad, en Las Vegas.Courtesy of John Lovedale

Como explica el Dr. D, los fémures de John no están totalmente consolidados. Está recuperado en un 95% de su lado izquierdo, pero solo de un 80% del derecho. Lo que quiere decir que el tejido óseo aún se está formando, es flexible y algo blando. Si el clavo se dañara en una caída, tendrían que sustituirlo por uno nuevo y empezar todo el proceso otra vez. El Dr. D reconoce que esto no pasa a menudo.

“Así que protege tu inversión”, le dice el Dr. D a John como si fuera un profesor de primaria decepcionado. “Son solo tres semanas más, ¿vale? Ya casi has pasado lo peor y luego tendrás todo el verano para moverte, ¿de acuerdo?”.

John se disculpa. Está ansioso por estrenar su nuevo yo, más alto. “Hay que tener cierta disciplina mental”, me cuenta el Dr. D en privado. “Es como entrenar para una maratón”.


¿No sería genial si…?

Descubrí el alargamiento de piernas hace casi 15 años, cuando acababa de salir de la universidad. Al igual que muchos otros chicos bajitos, simplemente busqué en Google la frase “¿Cómo crecer más siendo adulto?”. En aquel momento, una parte de mí confundía ser bajo con ser menos deseable. A veces fantaseaba con la idea de ganar la lotería, someterme al procedimiento y desaparecer durante un año. A decir verdad, mi estatura es quizá la única cosa por la que me he sentido inseguro de manera casi constante, aunque las únicas veces que realmente me molesta es cuando me impide hacer cosas: como salir con una mujer más alta que yo por la que sentía algo hace años. O entrar en el equipo de baloncesto de mi instituto cuando medía 1,60 m y todos mis amigos parecían haber crecido 15 centímetros de la noche a la mañana. O, incluso ahora, alcanzar la olla a presión, que está guardada en el armario más alto, sin subirme a un taburete.

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